jueves, febrero 01, 2007

José Martí y el ideal republicano.

"... El respeto a la libertad y al pensamiento ajenos, aun del ente más infeliz, es en mí fanatismo: si muero, o me matan, será por eso." José Martí. (1)

En el 154 aniversario de su natalicio.

Ángel Luis Martínez Acosta (*)

Este 28 de enero recordamos el 154 aniversario del natalicio de José Martí, Héroe Nacional de la República de Cuba, en el contexto de un proceso de traspaso de poder de Fidel Castro hacia su hermano Raúl. Alrededor de este hecho se han generado muchas expectativas dentro y fuera de la isla. Tal parece que la pregunta que muchos analistas se han hecho durante años en el sentido de "¿qué pasará cuando Fidel desaparezca?", tendrá una respuesta en un breve plazo de tiempo.

Independientemente de los resultados de este cambio de manos de poder y del futuro rumbo político de Cuba, es bastante razonable pensar en la necesidad de cambios en el modo de gobernar así como en el contenido mismo de la política aplicada hasta el momento.

Si finalmente Raúl Castro logra mantenerse en el poder hay que tomar en consideración algunas realidades. Primero, no podrá gobernar del modo autocrático en que lo hizo su hermano porque no tiene su carisma en la relación con el pueblo, ni la "aureola" de líder del movimiento revolucionario inicial, ni el apoyo incondicional de un grupo de los llamados "dirigentes históricos". Segundo, porque una vez muerto Fidel el pueblo estará en libertad de romper esa especie de "pacto secreto" mediante el cual el gobernante cubano se mantuvo por más de 45 años en el poder más absoluto. A partir de ese momento el descontento acumulado, las frustraciones, desengaños y sobre todo la pésima situación socio-económica en que se encuentra el país, condicionarán el surgimiento de protestas sociales hasta ahora impensables. Tercero, por la presión que tanto la oposición interna como el exilio político ejercerán en favor de cambios en el país a lo que se unirán organismos internacionales, organizaciones no gubernamentales y una parte significativa de la opinión pública mundial. Cuarto, porque dejará de recibir poco a poco la ayuda económica que recibe en estos momentos de algunos países, dirigentes u organizaciones y fundamentalmente de Venezuela donde su presidente, el Sr. Chávez, actúa como el "heredero por excelencia" del ideario de Fidel y en estas condiciones no va a permitir rivalidad de ningún tipo en su delirio de una Venezuela líder del mundo subdesarrollado y de él como su máximo dirigente.

Este es, a mi juicio, un momento propicio para iniciar el rescate -si cabe el término- del ideario martiano de manos de quienes durante todos estos años lo han tergiversado y malinterpretado con el objetivo de justificar su permanencia en el poder y la aplicación de métodos de gobierno de corte totalitario.

En este sentido hay que destacar que existe un definido ideario republicano martiano, es decir, un sistema de ideas coherentes y sostenidas a lo largo de toda su vida en favor de un tipo de gobierno, de un tipo de gobernante, y de unos mecanismos y métodos de gestión estatal, que fuesen garantes de la más amplia democracia en favor de la mayoría del pueblo.

La guerra de independencia de 1895, concebida y preparada por él durante muchos años, sólo puede entenderse como "guerra republicana" -y no sólo "necesaria"-, es decir, de una guerra concebida con un profundo sentido republicano, como el medio a través del cual se obtendría la independencia política de España con el fin de instaurar una república democrática bajo el principio fundador de "con todos y para el bien de todos"; república que sería a su vez el medio por el cual se transformaría toda la estructura social así como la conciencia de los propios cubanos hasta lograr que Cuba pudiese erigirse como nación libre y soberana por propia voluntad y capacidad y ocupar el lugar que por derecho le correspondía en el contexto de los demás países.

Este principio fundador de su ideario ha sido groseramente tergiversado durante los últimos 45 años al menos en tres momentos. Primero, cuando se afirma que Martí fue el autor intelectual del asalto al cuartel Moncada. Un análisis detenido del pensamiento martiano nos demuestra que Fidel no sólo hizo todo lo contrario a lo que Martí señalaba, sino que en ese momento fueron Marx, Engels y Lenin -sobre todo la obra de este último "El Estado y La Revolución"- los verdaderos autores intelectuales de dicha acción. Segundo, cuando se afirma que el ideario martiano se funde con el ideario marxista-leninista. Esto, además de ser un contrasentido, es una manifestación de una supina ignorancia -cuando no traición- de la esencia del pensamiento político martiano. Tercero, al afirmarse que dicho principio se identifica con el concepto de dictadura del proletariado ya que no sólo son incompatibles sino que se manifiestan como antagónicos. Cuarto, al alentarse desde el gobierno de modo velado o directo a realizar investigaciones que de alguna manera "mostrasen" la filiación o simpatía de Martí por el socialismo.

No pueden pasarse por alto que los tres primeros aspectos antes señalados aparecen en el cuerpo de la Constitución de la República de 1976. Ya no se trata sólo de simples tergiversaciones o juego de palabras: a partir de ese momento son tergiversaciones "institucionalizadas" y quien se oponga o adopte una actitud crítica podrá ser perseguido y juzgado.

Martí no sólo fundamentó su ideal republicano en el concepto de una patria con todos y para todos, sin exclusiones de ningún tipo, sino que, consecuentemente, se opuso a toda forma de dictadura, tanto de "derecha" como de "izquierda". En este sentido señalaba: "... ¡Líbrenos el que libra, de los pueblos hemipléjicos, que sólo de un lado se desarrollan, y del otro quedan atáxicos! No hay pueblo en la tierra que tenga el monopolio de una virtud humana:- pero hay un estado político que tiene el monopolio de todas las virtudes:- la libertad ilustrada: no aquella libertad que es entendida por el predominio violento de la clase pobre vencida sobre la clase rica un tiempo vencedora -que ya se sabe esa es nueva y temible tiranía;-..." (2)

No puede olvidarse que la causa del enfrentamiento, en 1884, entre los máximos dirigentes de la revolución del 95 fue precisamente la oposición de Martí a los planes de Gómez y de Maceo de preparar la guerra de modo que el mando militar pudiese actuar de manera autónoma, sin el control del futuro gobierno, de modo que no se repitiesen los errores de la guerra del 68. En su conocida carta al General Máximo Gómez de 1884, a raíz de este enfrentamiento, afirma:

"... Pero hay algo que está por encima de toda la simpatía personal que Vd. pueda inspirarme, y hasta de toda razón de oportunidad aparente; y es mi determinación de no contribuir en un ápice, por amor ciego a una idea en que me está yendo la vida, a traer a mi tierra a un régimen de despotismo personal, que sería más vergonzoso y funesto que el despotismo político que ahora soporta, y más grave y difícil de desarraigar, porque vendría excusado por algunas virtudes, establecido por la idea encarnada en él, y legitimado por el triunfo". (3)

El análisis detallado de lo ocurrido en Cuba desde antes de 1959 demuestra, a mi juicio, que Fidel Castro sustituyó con su despotismo personal el despotismo político que imperaba en Cuba bajo el gobierno de Batista. Y como advirtiera Martí ese despotismo ha sido más grave y difícil de desarraigar. Cuba se convirtió poco a poco en un gran campamento militar con un comandante en jefe al frente y donde al pueblo se le otorgó como único gran derecho acatar y solicitar más órdenes. Premonitoriamente ya Martí, en la carta antes citada a Máximo Gómez, había destacado: "¡Un pueblo no se funda, General, como se manda un campamento;..."

Menos aún puede pretenderse la existencia de un acercamiento del pensamiento martiano a la ideología socialista en general y, muchísimo menos, al marxismo-leninismo en particular. En sus escritos se puede constatar que estudió con determinada profundidad el pensamiento socialista de su época hasta al punto de saber distinguir sus diferentes variantes. "Socialismo.- Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata, si de la Icaria cristiana de Cabet, o las visiones socráticas de Alcott, o el mutualismo de Prudhomme, el familisterio de Guisa, o el Colins-ismo de Bélgica, o el de los jóvenes hegelianos de Alemania:...” (4) Pero aún fue más allá en el estudio de las teorías sociales de su época según se desprende de las siguientes palabras: "... Nuestros jóvenes estudiantes deberían reunirse, y estudiar asiduamente en privado a más del francés, el inglés y el alemán. Vive hoy fuera de su tiempo el que no puede leer estas lenguas. Las malas traducciones barcelonesas de unas cuantas obras literarias e históricas, y uno que otro ensayo filosófico de autor madrileño, calcado generalmente sobre la traducción francesa de algún libro alemán, no bastan a darnos idea del cambio radical e imponente que en las postrimerías de este siglo está sufriendo en todos sus aspectos la vida universal. Sólo la entrada del mundo viejo en el cristianismo es comparable a esta entrada a que asistimos del mundo actual en el porvenir." (5)

Son innumerables las palabras y hechos de identificación de Martí con los trabajadores, con los humildes, con los pobres de la tierra, o el reconocimiento de que un mundo nuevo que se nos echa encima amasado por los trabajadores. Son conocidos sus contactos con dirigentes socialistas en España y México. Pero se olvida con demasiada frecuencia que reconocer la existencia de las injusticias sociales y luchar por el mejoramiento de las condiciones de vida de millones de personas no significa comulgar con las ideas socialistas y mucho menos con las ideas comunistas.

En el artículo que publicó en 1883 con motivo de la muerte de Carlos Marx deja esclarecida su posición: "Karl Marx ha muerto. Como se puso del lado de los débiles, merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño, y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blando al daño. Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres. Indigna el forzoso abestiamiento de unos hombres en provecho de otros. Mas se ha de hallar salida a la indignación, de modo que la bestia cese, sin que se desborde, y espante." (6)

Honra a Marx porque se puso al lado de los débiles y trató de mejorarlos, pero se distancia de él en cuanto a los métodos: "espanta", "indigna". En otro momento del mismo artículo señala: "... Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los puntales rotos. Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación natural y laboriosa."

La teoría comunista tiene como principio político el establecimiento de una "dictadura del proletariado", es decir, el predominio de una clase social o de un grupo. En este sentido destaca: "... nadie más que los siervos sienten la necesidad de ser señores; y como la gente trabajadora ha tenido tanto que sufrir del señorío de los que la emplean, le han entrado veleidades de déspota, y no se contenta con hermanarse con los que la han hecho penar, sino que, yendo más allá de toda razón, quiere ponerse encima de ellos, quiere sujetarlos a los términos que impedirían a los empleadores la misma dignidad y libertad humana que los empleados para sí reclaman.

Ahí está su debilidad, en su injusticia: y por esta vez al menos, ahí está su derrota.
" (7)

En mi criterio Martí define aquí el fracaso de la ejecutoria política del comunismo en el poder: la propia injusticia que representa el establecimiento de una dictadura conlleva lógicamente a su derrota. Es una criatura marcada para morir desde su propio nacimiento tal y como la historia se ha encargado de demostrar.

Martí también arremete contra el principio económico del comunismo: el dominio sobre los principales medios de producción del país. Una vez que el Estado tenga este control en detrimento de la gestión individual, señala Martí: "El hombre que quiere ahora que el Estado cuide de él para no tener que cuidar él de sí, tendría que trabajar entonces en la medida, por el tiempo y en la labor que plugiese al Estado asignarle, puesto que a éste, sobre quien caerían todos los deberes, se darían naturalmente todas las facultades necesarias para recabar los medios de cumplir aquéllos. De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo." (8)

Este control del Estado conlleva el surgimiento literal de un ejército de funcionarios (burócratas) que son los encargados de organizar, dirigir y controlar toda la actividad económica del país. Esta posibilidad no fue ajena a Martí: "Y como los funcionarios son seres humanos, y por tanto abusadores, soberbios y ambiciosos, y en esa organización tendrían gran poder, apoyados por todos los que aprovechasen o esperasen aprovechar de los abusos y por aquellas fuerzas viles que siempre compra entre los oprimidos el terror, prestigio o habilidad de los que mandan, este sistema de distribución oficial del trabajo común llegaría a sufrir en poco tiempo de los quebrantos, violencias, hurtos y tergiversaciones que el espíritu de individualidad, la autoridad y osadía del genio, y las astucias del vicio originan pronta y fatalmente en toda organización humana." (9)

El comunismo en el poder sólo puede sostenerse a condición de imponerse como sistema totalitario, es decir: control absoluto del Estado en todos los órdenes; censura masiva de todas las formas de expresión subordinándolas a un pensamiento oficial único; eliminación de la independencia y autonomía de los poderes ejecutivo, legislativo y jurídico y subordinación a un órgano de control (partido) superior; imposición permanente en el poder de un dirigente que gobierna de manera autocrática; represión de toda actividad económica independiente; creación y mantenimiento de un permanente estado de confrontación contra un enemigo interior o exterior real o ficticio; exaltación del nacionalismo, del triunfalismo y del unanimismo; propaganda continuada de contenido populista y demagógico apelando constantemente al patriotismo y al sentimiento revolucionario; la represión, marginación y discriminación contra todo el que se oponga o no siga el dictado de la "nomenklatura" en el poder; constante adoctrinamiento en favor de la superioridad del sistema socio-político imperante y en detrimento de otras formas de gobierno; monopolio de la "verdad" ideológica suprema en manos de unos cuantos "elegidos" en el poder; etc.

Es imposible tratar en este breve espacio todo el contenido del pensamiento republicano martiano aunque todo lo expuesto creo que ofrece una idea bastante general de las líneas principales de su ideario. He dejado para último este fragmento como muestra de su objetivo supremo en la lucha por la independencia de Cuba y base de la república:

"La república, en Puerto Rico como en Cuba, -afirmaba Martí- no será el predominio injusto de una clase de cubanos sobre las demás, sino el equilibrio abierto y sincero de todas las fuerzas reales del país, y del pensamiento y deseo libres de los cubanos todos. No queremos redimirnos de una tiranía para entrar en otra. No queremos salir de una hipocresía para caer en otra. Amamos a la libertad, porque en ella vemos la verdad. Moriremos por la libertad verdadera; no por la libertad que sirve de pretexto para mantener a unos hombres en el goce excesivo, y a otros en el dolor innecesario. Se morirá por la república después, si es preciso, como se morirá por la independencia primero." (10)



Relación de Notas:

(1) "Carta al General Máximo Gómez." New York, mayo 12, 1894. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 3. Página 166.
(2) Artículo "Trabajadores franceses." En "La América." Nueva York, noviembre de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 8. Página 381.
(3) "Carta al General Máximo Gómez". Nueva York, 20 de octubre de 1884. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 1. Página 177.
(4) Nota en "Cuaderno de apuntes. No. 18." (1894). Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 21. Página 386.
(5) Artículo en " La Opinión Nacional". 14 de febrero de 1882. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 23. Página 200.
(6) Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, 29 de marzo de 1883. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 9. Página 388.
(7) Carta al Director de "La Nación"." Nueva York, Abril 27 de 1886. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 10. Páginas 413 a 414.
(8) Artículo sobre "La futura esclavitud", de Herbert Spencer. En "La América."Nueva York, abril de 1884. Tomo 15. Página 391.
(9) Íbídem.
(10) José Martí. Artículo "¡Vengo a darte Patria!". De Patria, Nueva York, 14 de marzo de 1893. Obras Completas. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 2. Página 255.

(*) [Ángel Luis Martínez Acosta. Es autor del libro "Las ideas republicanas de José Martí. Selección de Textos". Todos estos temas son tratados en detalle en su página web: Las ideas republicanas de José Martí.]

jueves, diciembre 14, 2006

José Martí y el Socialismo (*)

© Ángel Luis Martínez Acosta

Han sido innumerables los intentos velados o manifiestos de algunos intelectuales cubanos y extranjeros de presentar el pensamiento martiano como cercano a la ideología marxista. Este enfoque ha seguido varias tendencias y argumentaciones.

El punto de partida de esta práctica es la aceptación del planteamiento leninista de que: “La doctrina de Marx es omnipotente porque es verdadera. Es completa y armónica, y brinda a los hombres una concepción integral del mundo...(1) Esta afirmación es uno de los axiomas más importantes del marxismo-leninismo y es el principal fundamento teórico de la denominada objetividad y cientificidad de esta ideología. A partir de este presupuesto cualquier otra teoría que intente ofrecer respuestas a los innumerables campos de investigación es calificada de no científica.

Aceptado este axioma los comunistas cubanos se encontraron con un gran problema que pudiera ser expresado de la siguiente manera. Si Martí es el más genial y universal de los cubanos; si, además, vivió precisamente en la época de gestación del marxismo; y si su pensamiento puede considerarse como actual por la fuerza de sus conclusiones al punto de haber servido como inspiración de la revolución del 59 tal y como afirmara Fidel. Entonces, ¿cómo es posible que no evolucionara hacia la doctrina de Marx?

No es mi intención analizar aquí todas y cada una de las respuestas, ante todo, porque considero que el problema principal no está precisamente en las respuestas. En mi criterio la cuestión esencial radica en la propia formulación de la pregunta.

El “argumento” de mayor fuerza a favor de esta hipótesis es el que hace hincapié en las constantes afirmaciones de Martí de simpatía hacia la clase obrera, en las denuncias de sus condiciones de vida y de trabajo así como la crítica constante que hizo a la explotación a la que era sometida por los dueños del capital. Frases tales como que “un mundo amasado por los trabajadores se nos echa encima”, y otras de similar naturaleza, han sido utilizadas como “prueba” de la evolución del pensamiento martiano hacia el marxismo.

Esta tendencia a “apuntar” un pretendido acercamiento de Martí a las posiciones del marxismo está bastante extendida dentro de Cuba. La reiterada afirmación de Fidel de que la revolución cubana es el resultado de la fusión del pensamiento martiano y del pensamiento marxista es la que fijó el rumbo de las investigaciones hacia la demostración de esta afirmación.

Es bastante frecuente que en artículos, ponencias de eventos teóricos, trabajos de investigación, tesis de grado, etc., se encuentren afirmaciones como la siguiente: “Entre el socialismo y Martí había una distancia histórica: la de la Cuba colonial. Como conductor de una guerra que necesitaba el aporte de todos los factores sociales, Martí asumió, como tarea inmediata de su tiempo, la de unir a los sectores posibles de la sociedad cubana en la lucha independentista frente a España. Martí no fue un socialista por filiación, pero se hace necesario recalcar que Martí comprendió las razones vitales del socialismo." (2)

Este intento de presentar a un Martí -obligado por las circunstancias de la necesidad de unir a todos los cubanos para llevar a cabo la guerra de independencia- como conciliador de todos los intereses y corrientes opuestas, encuentra su expresión en el concepto de táctica revolucionaria. (3) De acuerdo con las interpretaciones de algunos autores marxistas la concepción estratégica martiana estaría orientada hacia posiciones cercanas al socialismo, pero estas mismas posiciones, en cuanto significaban el enfrentamiento entre obreros y capitalistas, tuvo que ser aplazada por la necesidad de unir a todos los cubanos en virtud de la guerra. Dicho de otro modo. Supuestamente en su concepción más general Martí simpatizaba con el socialismo pero las circunstancias de la lucha lo obligaron a no llevar a la prácticas estas ideas porque dividiría aún más a los cubanos. Y lo más triste de todo es que este falso argumento tiene desde hace mucho tiempo carta de ciudadanía entre intelectuales cubanos marxistas.

Otra línea de pensamiento, desarrollada fundamentalmente por marxistas soviéticos, es la de calificar a Martí como demócrata revolucionario. Hay que recordar que se definió así a los revolucionarios -fundamentalmente europeos del siglo XIX, y más específicamente a revolucionarios rusos- cuyo pensamiento seguía una lógica de evolución que encontraba su expresión de madurez en las posiciones del marxismo. De acuerdo con este razonamiento el pensamiento martiano, en el momento de su muerte, se hallaba en pleno proceso de madurez que tendía al marxismo.

Entre los “argumentos” que se utilizan para justificar esta conclusión se encuentran los contactos de Martí con socialistas españoles en la época de su primera deportación; en el hecho de haber sido electo como delegado a los congresos obreros durante su primera estancia en México; las declaradas posiciones a favor de los obreros ya mencionadas, así como la amistad que le unió a Carlos Baliño durante los años de la preparación de la guerra del 95 precisamente por la circunstancia de que Baliño fundara años después, junto a Julio Antonio Mella, el primer partido comunista de Cuba.

Hay otra consideración a tener en cuenta y es la pretendida “temprana muerte” de Martí a una edad (42 años) en que algunos autores dan por cierto que es cuando el hombre alcanza su plena madurez. De acuerdo con esta línea de pensamiento se argumenta que Martí no abrazó abiertamente, o no pudo llegar, a las posiciones del marxismo debido a que la muerte interrumpió un proceso de evolución que se manifestaba como lógico y natural hacia el socialismo.

Quienes hablan de esta supuesta evolución del pensamiento martiano hacia posiciones cercanas al marxismo pasan por alto varias cuestiones en mi criterio esenciales. En primer lugar, que el marxismo es sólo una de las respuestas del pensamiento socialista pero que en ningún caso ostenta la representación única. En segundo lugar, que la denominada cientificidad del marxismo es algo admitido sólo por los creadores y seguidores de esta doctrina. En tercer lugar, que la lucha en favor del progreso social y por el mejoramiento de las condiciones de vida de la humanidad no es algo privativo de los comunistas.

Si de calificativos se trata pienso que Martí era un librepensador que estaba mucho más cerca del liberalismo de mediados del siglo XIX, precisamente de aquel liberalismo en el que encontramos el elemento ético, de amor, de responsabilidad, de la posibilidad de cada individuo de desarrollar sus capacidades, que de las ideas del socialismo.

La relación entre obreros y capitalistas la enmarcó dentro de su doctrina de la conciliación tal y como afirmó en 1875 en la conferencia de filosofía en el Liceo Hidalgo, México, doctrina que se fundamenta en el amor y su papel en el desarrollo de los acontecimientos sociales. Pero va más allá.

En su razonamiento destaca la comprensión de que tanto el capitalista como el obrero son dos partes esenciales para la propia existencia del capitalismo y por esta razón señalaba la necesidad de aplicar fórmulas a través de las cuales tanto unos como otros se relacionaran en un marco de respeto y de consideración mutua. Se opone a las teorías socialistas de la época por su reclamo a favor del enfrentamiento social y por su aspiración a establecer un gobierno que se propugnaba como dictatorial.

Esta idea se inscribe también en su concepción de la política como capaz de cohesionar y poner de acuerdo a los varios factores de un pueblo heterogéneo por naturaleza. Martí se opuso a cualquier fórmula política que no reconociera el derecho de todos los ciudadanos a ejercer libremente sus derechos políticos tanto de asociación como de expresión pública de sus ideas. El ciudadano de un país libre -razonaba- debe participar activamente en la vida política utilizando, como única arma, el voto en las elecciones. La reflexión, el análisis, la búsqueda entre todos de soluciones que beneficien a la gran mayoría sin excluir a la minoría, son otros tantos métodos de quehacer democrático.

Esta libertad ciudadana no queda circunscrita sólo a la política sino que abarca todas las demás esferas de la vida social incluyendo a la económica. (4) Conocedor profundo de la esencia humana sabía perfectamente que existen diferencias en cuanto a la capacidad o habilidad para desarrollar un trabajo. De aquí que lejos de aceptar un igualitarismo abstracto y absurdo, propugnara la necesidad de crear condiciones suficientes para que cada persona pudiese desarrollar al máximo estas potencialidades. Critica a los pueblos que se conforman con un puesto remunerado o con un cargo de funcionario por cuanto limita la posibilidad de inventiva y de creación que son factores condicionantes para el progreso social.

Los problemas más importantes de carácter económico que existen hoy en Cuba son consecuencia, precisamente, de ese enfoque marxista de colocar todos los medios fundamentales de producción en manos del Estado y, como resultado, la aparición de un gran ejército de trabajadores sometidos a la voluntad y capricho de una nueva clase social, la de los funcionarios-dirigentes o también calificada como la “nomenklatura”. En estas condiciones los obreros pierden la posibilidad de desarrollar su iniciativa y de trabajar de manera independiente. Es el Estado quien rige cuánto tiempo y cómo se debe trabajar y es también quien reparte entre los más “dóciles” los bienes de consumo que no pueden ser adquiridos por otra vía.

Todo queda en manos de estos funcionarios del Estado quienes tienen control absoluto sobre la vida y la poca hacienda de los ciudadanos. “De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo.!" (5)

Creo que el análisis de Martí resulta concluyente y definitorio para determinar las verdaderas causas del estado de desastre que hoy Cuba es como nación en todos los sectores de la sociedad. A la luz de estas palabras problemas tales como el bloqueo (embargo) económico, escasez de materias primas, bajadas de los precios internacionales del azúcar, y otros de corte similar pasan a segundo plano en la búsqueda de lo esencial y definitorio. Porque la causa de todos los males se encuentran en la naturaleza misma del sistema político implantado en Cuba.

Relación de Notas:

  • (*) Fragmento (modificado) del Capítulo 3 del libro “José Martí y la República. Selección de Textos”, del mismo autor.
  • (1) V.I. Lenin. “Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo”.
  • (2) Even Fontaine Ortiz, Matías Chapeaux, Pedro Suárez. “Martí: breve ensayo político.” Anuario del Centro de Estudios Martianos. No. 5. La Habana, 1982. Página 293. Ya en Julio Antonio Mella, fundador del primer partido comunista de Cuba en 1925, hay un llamado a analizar la obra martiana desde la perspectiva antiimperialista y a favor de la clase obrera en su trabajo “Glosando a José Martí.” En los años 40 el economista cubano Antonio Martínez Bello llegó a calificarlo abiertamente de socialista. Y esta línea fue seguida por Enrique Roig de Leuchering quien en su obra “José Martí y la República”, al citar el artículo que escribiese Martí sobre la muerte de Carlos Marx, sólo reprodujo los párrafos donde Martí elogia a Marx obviando las críticas.
  • (3) Similar recurso ha sido utilizado para explicar el concepto martiano de “con todos y para el bien de todos.”
  • (4) En este sentido son bastantes elocuentes las críticas que realizó al proyecto de estado socialista en los dos trabajos en que analiza la obra de Herbert Spencer “La Futura Esclavitud” y que se reproducen íntegramente en este mismo capítulo a partir de la página 109.
  • (5) Artículo sobre “La futura esclavitud”, de Herbert Spencer. En “La América.”Nueva York, abril de 1884. Tomo 15. Páginas 388 a 392

domingo, agosto 20, 2006

Los “martianos” odiadores de hoy.

"... ¡Los que han derramado sangre tendrán que volver a la tierra a borrarla con sus lágrimas! Sólo tienen derecho a reposar los que restañan heridas, -no los que las abren." [1]

Los últimos acontecimientos acaecidos en Cuba tras el traspaso de poder de Fidel Castro a su hermano Raúl han dado lugar a diversas y encontradas reacciones del exilio cubano. En esta ocasión sólo voy a referirme a los que han asumido posiciones de un radicalismo extremo rayano en el fanatismo y que han llegado a pedir, entre otras cosas, la necesidad de fusilamientos en Cuba después que caiga el actual régimen político.

Estas personas responden al calificativo martiano de “odiadores”, de aquellos que incitan a la lucha entre los propios cubanos y que llaman a la venganza amparados en el derecho de haber sido afectados de una u otra forma por el actual régimen político cubano.

Pienso que cada cual es responsable de sus opiniones y que cada individuo tiene el derecho y el deber de expresarlas. Pero con lo que no puedo estar de acuerdo es que, aquellos que llaman a un “baño de sangre” en Cuba, se califiquen a sí mismos como martianos o como seguidores del ideal martiano.

Ya se sabe que calificarse de martiano es un recurso utilizado por políticos, dirigentes o figuras públicas además de ser un modo para granjearse simpatías o para seguir “la corriente”, o estar “a la moda”. No importa que sólo se hayan leído los versos sencillos o fragmentos de sus escritos, de aquellos que se pasan de boca en boca por ser los más conocidos o “pegadizos”

Lo que sí tengo claro es que estas personas no se han tomado el trabajo o no han podido o no han querido profundizar en el ideario martiano. Si lo hubiesen hecho sabrían de la oposición de Martí al odio y de su constante prédica a favor del amor, del bien, de la conciliación, del perdón.

"¡Cómo me regocijo al volver hacia atrás mis ojos, de no haber concebido un solo pensamiento, ni dicho una sola palabra de intransigencia o de odio, ni siquiera cuando, para encauzar males que no se podían suprimir, para dar forma útil a grandezas adorables y ciegas, tenía las manos puestas en la guerra!" [2]

Esta íntima satisfacción personal es la expresión coherente de una profunda convicción sostenida a lo largo de toda su vida que no cambió a pesar de los rigores de la cárcel, de las laceraciones provocadas por las cadenas en presidio, de los ataques personales, de los intentos de asesinato, de las profundas contradicciones con otros patriotas, del dolor por su patria esclava, del sufrimiento por los cubanos asesinados en su país, por los desterrados.

Estas personas no han entendido que para ser demócratas, que para luchar por la libertad de Cuba, que para enfrentarse a la dictadura de Fidel Castro, no están obligados a declararse martianos, no están obligados a coincidir con todos los planteamientos de José Martí.

Pero si se declaran martianos, entonces, para ser coherentes, deben al menos mostrar en la práctica que conocen sus ideas esenciales y que las siguen a cabalidad.

[1] Carta al Director de "La Opinión Nacional". Nueva York, Marzo 18 de 1882. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 14. Página 425.

[2] "Apuntes". En "Cuaderno de Apuntes Número 14". 1886-87. Editorial de Ciencias Sociales. La Habana, 1975. Tomo 21. Página 341.

miércoles, agosto 16, 2006

El "giro a la izquierda" de Fidel Castro.

Fidel Castro: mentiras y engaños.
En algunos trabajos recientes donde se analiza la problemática cubana y el momento en que Fidel Castro se convirtió en seguidor de las ideas del marxismo-leninismo, se utiliza como referencia el año 1961.

Hablar de "giro a la izquierda" implicaría que Fidel tenía antes de esa fecha una postura política más hacia el centro o hacia la derecha y que en virtud de diversos factores internos y externos (sobre todo, según algunos autores) es que se produjo este viraje ideológico. Y no ha faltado quien asume que Fidel se vió "obligado" a dar este paso en virtud del enfrentamiento con los Estados Unidos.

El propio Fidel Castro, una vez que se sintió seguro en el poder, empezó a reconocer que mucho antes del asalto al cuartel Moncada (1953) ya él tenía ideas comunistas.

A modo de ejemplo utilizaré varias afirmaciones de Fidel en el discurso que pronunció el 22 de abril de 1970. "Recordamos cuando por aquellos meses que precedieron al 26 de julio de 1953, la mayor parte del pequeño grupo de compañeros que estábamos dedicados a aquellas tareas andábamos siempre con los libros de Marx y de Lenin."

Andar con libros de Marx, de Engels o de Lenin no necesariamente implica que se asuman las ideas comunistas. Parece ser que eso fue lo que pensó Fidel mientras hablaba porque un poco más adelante aclaraba: "... Y no podía decirse que el Movimiento 26 de Julio era un movimiento comunista. Lo que sí podía decirse es que un grupo de los que habíamos organizado aquel movimiento estábamos fuertemente impregnados del pensamiento marxista-leninista."

Recordemos la fecha: antes de 1953. Hay un reconocimiento explícito de una militancia ideológica que fue negada constantemente por Fidel a quienes le siguieron en el referido ataque y después durante la lucha en la Sierra Maestra contra la dictadura de Fulgencio Batista, y durante los primeros años del triunfo revolucionario del 59. Fue un engaño continuado y premeditado primero a un grupo de personas y después a todo un pueblo.

En otro momento del discurso aclaró que la mayor influencia que obtuvo para la realización de sus planes fue de Lenin: "... de las obras de Lenin nosotros sacamos conclusiones que fueron decisivas —desde luego, cuando hablo del leninismo hablo del marxismo, de las ideas esenciales de Marx desarrolladas por Lenin—, y una muy específicamente de Lenin, que fue “El Estado y la Revolución”, que nos esclareció tantos conceptos, que nos dio tanta luz a la hora de elaborar la estrategia revolucionaria, la lucha por la conquista del poder revolucionario, y que tan decisiva fue para poder elaborar esa estrategia."

Queda así aclarado que no sólo leyó las obras de Marx, Engels y Lenin, sino que había asumido su idelogía y que utilizó dichas tesis para elaborar la estrategia de lucha y para conquistar el poder.

Así, la tan manida hipótesis del "giro a la izquierda" en 1961, no se sostiene bajo ningún punto de vista. Lo que ocurrió realmente fue que Fidel aprovechó la circunstancia de los ataques que precedieron a la invasión de Bahía de Cochinos para declarar públicamente el rumbo socialista del proceso revolucionario iniciado el primero de enero de 1959.

jueves, agosto 10, 2006

El ejército en la transición política cubana.

Ángel Luis Martínez Acosta

Miami, Fl - 10 de agosto de 2006

En estos últimos días Cuba ha sido objeto de atención preferente a partir del momento en que Fidel Castro anunció el traspaso temporal de sus poderes con motivo de una intervención quirúrgica de cierta complejidad.

Periodistas, políticos, gobernantes y analistas de varios países han expresado sus criterios acerca de lo que ocurriría en Cuba después de la desaparición de Fidel de la vida política en Cuba.

En estos análisis se ha prestado especial atención al rol de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba con planteamientos que van desde los que hablan de su papel en un posible golpe de estado, hasta quienes auguran la posibilidad de que el ejército sea utilizado para reprimir posibles insurrecciones del pueblo. Y no han faltado quienes han pedido al ejército cubano que no reprima al pueblo y que apoyen cualquier movimiento en contra del actual gobierno o de los sucesores directos del mismo.

Con todo el respeto que me merecen el tono y el sentido de los comentarios antes mencionados, creo que todos adolecen, de un modo o de otro, de haber traspolado situaciones similares que han ocurrido en otros países de América para analizar la situación cubana.

A diferencia de otros ejércitos de América Latina que han sido utilizados para la represión de manifestaciones opositoras internas tras la conocida frase de "sacar los tanques a la calle", el ejército cubano no ha sido utilizado nunca (directamente) en estos menesteres.

Varias son las razones de este comportamiento. Creo que en primer lugar habría que considerar que en la propia génesis del actual ejército, en sus raíces, están los ex combatientes -a diferencia de algunos de sus principales jefes- de las tropas que combatieron al ejército batistiano y su sentido profundamente democrático y patriótico que fue resumido por el Comandante Camilo Cienfuegos en las siguientes palabras: "el ejército es el pueblo uniformado", frase que ha quedado como divisa de las actuales fuerzas armadas

Esta idea de Camilo resume lo que se podría considerar como el principio fundacional del nuevo ejército. En su esencia se expresa la idea de que ejército y pueblo es lo mismo, lo que conlleva a otra idea muy vinculada con la anterior: el ejército, como pueblo que es, no podrá nunca enfrentarse al pueblo porque se enfrentaría a sí mismo.

En su discurso político a lo largo de estos 48 años de gobierno Fidel ha utilizado cuanto recurso patriótico o ideológico ha podido encontrar con tal de mantenerse en el poder y de tener al pueblo a su lado. Y uno de estos recursos ha sido precisamente la imagen y el pensamiento de Camilo Cienfuegos. Lo que no podía esperar era que en un momento dado este recurso se volviese en su contra.

Los oficiales, clases y soldados de las actuales fuerzas armadas de Cuba, repito, han sido educados bajo este principio por lo que cualquier intento de utilizarlos en contra del pueblo ante posibles manifestaciones antigubernamentales se enfrentaría con una fuerte reticencia, cuando no desobediencia.

En segundo lugar hay que considerar que el ejército cubano, a diferencia de otros ejércitos compuestos por soldados profesionales, se nutre fundamentalmente de jóvenes llamados al servicio militar de forma obligatoria (Servicio Militar Obligatorio), y que este procedimiento ha sido rechazado por la mayoría de los jóvenes quienes lo valoran como algo que les trunca sus planes de estudio, de vida, o que sencillamente los lleva a una situación que les limita su libertad y que ha provocado lamentables situaciones desagradables tanto para los jóvenes llamados al servicio militar como para su familia, aparte de ser utilizado como argumento por el gobierno cubano para impedir la salida del país de miles de jóvenes del sexo masculino.

Tomando en consideración el argumento anterior creo que es fácilmente comprensible que si algunos jefes militares decidieran utilizar al ejército en contra del pueblo, se encontrarían con la oposición, manifiesta o velada, de la mayoría de los soldados.

Y ¿qué es un ejército sin sus soldados? Por muy inteligentes y capaces que sean los jefes -que no es el caso de muchos de los principales jefes cubanos- no pueden hacer nada si la base y contenido del ejército -los soldados- no los secundan. ¿Quiénes portarán las armas? ¿Quiénes conducirán los vehículos militares? ¿Quiénes conducirán los tanques? ¿Quién abastecerá a los aviones militares? Y, finalmente, ¿quiénes dispararán en contra del pueblo?

En tercer lugar hay que recordar que no estamos en 1961 -cuando Bahía de Cochinos-, ni en octubre de 1962 -Crisis de Octubre-, ni incluso en la década de los 70 que fueron momentos en que el pueblo aún creía en un ideal, cuando aún pensaba que luchaba por una causa justa y enfrentaba con firmeza ataques desde el exterior y desde el interior del país.

El romanticismo inicial de la revolución ha cedido su lugar a un practicismo conformista aderezado con mucho de doble moral desde el momento en que el pueblo comprendió que el gobierno lo había abandonado a su suerte y que la divisa que se imponía en ese momento era la de "resolver", como remedo de aquella otra de "sálvese quien pueda a su manera"

Este modo de pensar también penetra entre la oficialidad, las clases y los soldados porque ellos sufren en carne propia las mismas calamidades del pueblo porque -no puede olvidarse- son parte de pueblo.

La mayoría de los oficiales del ejército cubano no gozan de los mismos privilegios que los de otros ejércitos, ni forman una clase separada de la población, a excepción quizás, de los pilotos de combate u otro sector de un arma específica. Y a excepción, claro está, de los principales jefes.

Los oficiales del ejército cubano tienen los mismos problemas de vivienda, de alimentación y de transporte, por poner sólo algunos ejemplos, que la mayoría de la población. No viven en repartos exclusivos, ni tienen prebendas económicas especiales, como alguien podría suponer. En su mayoría siguen siendo parte del pueblo y comparten con el pueblo sus calamidades y sufrimientos.

Ahora bien. Todo lo anterior no puede hacernos olvidar que algunos miembros de las fuerzas armadas pueden ser manipulados y confundidos por los máximos dirigentes del gobierno a fin de que los secunden en sus planes de mantener el control del país a través de la creación de estados de crisis cercanos a una guerra con la utilización del tan manido -y falso- argumento de que los opositores internos al gobierno son "agentes del imperialismo", es decir, agentes de una nación enemiga y como tal habría que enfrentar como un acto de patriotismo y de defensa del país. O aquellos que creen ciegamente en la justeza de la Revolución. O los que de alguna manera se verían afectados o sientan temor ante algún tipo de cambio político.

En estos momentos el país vive en un compás de espera. No pongo en duda que Fidel Castro haya muerto desde el momento en que se conoció públicamente el traspaso de poder y que los sucesores nombrados por él estén ganando tiempo para poner al país bajo su control absoluto antes de dar a conocer la muerte del dictador cubano. Y de ahí que necesiten tiempo para incrementar su labor de concientización ideológica sobre el pueblo en general y las fuerzas armadas en particular tratando de neutralizarlos y de ganarlos a su favor.

Pero creo que el peligro de una posible represión al pueblo viene desde otro frente: desde el Ministerio del Interior (MININT) y en particular de las tropas especiales, entre otros. Pero este es otro tema y será objeto de un análisis posterior.

martes, julio 25, 2006

Alejandro Armengol: sepulturero contemporáneo de José Martí.

Ángel Luis Martínez Acosta
Cuando comencé a leer el artículo “Enterrar a Martí”, de Alejandro Armengol[1] , tuve la impresión de que se trataba de otro más de los muchos que critican la manipulación del ideario martiano por personas inescrupulosas. Pero sólo me bastó leer unas pocas líneas para percatarme de mi error. Porque en realidad se trata de un escrito que pretende lo que anuncia: enterrar a Martí.

¿Por qué ese odio contra José Martí? Si el señor Armengol hubiese vivido a fines del siglo XIX se pudiera pensar que sus motivaciones fuesen la envidia y los celos. Pero vive en el siglo XXI, al menos físicamente.

En todo el artículo no he encontrado siquiera una frase de respeto que no esté mediatizada por algún comentario corrosivo hacia al que al menos tuvo el valor y la entereza de entregarse de lleno al ideal de ver libre a su patria al punto de morir por sus convicciones. Porque si este fuera el único mérito de Martí, bien reconocido tiene el cariño de sus compatriotas.

Es difícil seguir todas y cada unas de las frases del Sr. Armengol pero al menos intentaré seguir la pista de algunas de sus ideas.

Lo primero que afirma: "Creo que para los cubanos ha llegado la hora de enterrar a José Martí. No se trata de olvidarlo, sino de bajarlo del pedestal que sólo sirve de provecho a los arribistas de cualquier tendencia.", es totalmente falso. La lectura del resto del artículo demuestra que su deseo es el de enterrar a Martí y de olvidarlo, haciendo borrón y cuenta nueva de manera nihilista de todo su pensamiento.

Cuando habla de bajar a Martí del pedestal, este señor se olvida que si Martí es considerado el Héroe Nacional de Cuba y el más grande de los políticos cubanos de todos los tiempos, es por derecho propio. Pero se equivoca el articulista al pedir que bajen a Martí, precisamente porque él es el pedestal en el que se fundamenta lo mejor, más puro y noble del pueblo cubano, además de ser un reclamo infantil y absurdo porque sería como tratar de pedir que el Sol no existiese sólo con taparlo con un dedo.

Pero la tarea del Sr. Armengol se complica un poco más cuando tome conciencia de que la figura de Martí desde hace muchos años ha traspasado fronteras y hoy vive como un respetado ciudadano en decenas de países en todo el mundo. ¿Este señor va a apagar todos estos soles? ¿O es que en el fondo lo que quiere es que se borren los pensamientos martianos y se les sustituyan con sus ideas? ¿A esto se reduce todo el artículo?

El otro error de este señor es de valorar la importancia de Martí como pedestal por su utilidad, ya que según su criterio, "... sólo sirve de provecho a los arribistas de cualquier tendencia." Si el ideario martiano tuviese sólo esa utilidad, creo que coincidirá conmigo en que ya hubiese desaparecido en tanto los "arribistas" se hubiesen retirado o frustrado en sus empeños, o hubiesen sido derrotados. ¿Qué por ciento de la población representan estos "arribistas"? A menos que este señor entienda que todo el pueblo cubano es "arribista", excepto él, claro está.

En el mismo primer párrafo pide que a Martí hay que: "Otorgarle el valor merecido a sus escritos y dejar que los críticos valoren sus versos --algunos brillantes, otros mediocres-- y los historiadores continúen analizando su papel en la fundación de la república cubana."

Volvemos a lo mismo. A Martí no hay que otorgarle ni quitarle nada. ¿O es que este señor pretende que la humanidad se plantee como tarea cuestionar y re-elaborar los escritos de todos los grandes hombres de la historia? El Sol tiene manchas, pero sólo los enfermos de envidia se preocupan por ellas. Los demás, admitiendo que tiene manchas, le reconocemos su mayor valor. Es como cuando aceptamos a un amigo. Sabemos de sus defectos pero lo admitimos por sus virtudes porque son más y de mayor peso en su personalidad.

Pero Martí es además un sentimiento en sí mismo. Él no escribió para gustarle al Sr. Armengol. Escribió porque entendía que era necesario o como una manifestación individual de necesidad de expresión de su pensamiento. Que a este señor no le gusten algunos versos -de seguro que considera que los suyos son mejores, de ahí el veneno- no le quita valor alguno. La poesía es muy íntima, cargada de símbolos y tiene para cada persona un significado diferente. La poesía es ante todo expresión de lo más profundo del alma y al, igual que la filosofía, se adentra en lo trascendente por derecho propio cuestionando todo a su paso.

¿Quién dijo que los críticos son los únicos que tienen derecho a valorar la obra martiana? Pero habría que añadir: ¿quiénes son los críticos que deben tener ese derecho? ¿Quién los va a seleccionar? ¿El Sr. Armengol? A los millones de personas que amamos a Martí, respetamos su vida y tenemos en alta estima su obra, nos tiene sin cuidado lo que un crítico en particular pueda decir, excepto como ahora, en que sentimos como una bofetada en pleno rostro cuando se insulta y trata de denigrar a alguien tan nuestro, tan de nuestra familia, tan de nuestro círculo íntimo de amigos.

En el segundo párrafo se afirma: "Es lamentable que en la formación de la nacionalidad se sobrevalore un cuerpo rector formado por frases brillantes, que forman un catecismo de fácil manipulación, propicio a todos los usos. Pensamientos en los que lo luminoso de la palabra dificulta encontrar lo efímero de su contenido. Lugares comunes que nos parecen únicos por lo ejemplar de la escritura."

¿De qué nacionalidad habla este señor? De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, en su primera acepción, nacionalidad es: "Condición y carácter peculiar de los pueblos y habitantes de una nación." La nacionalidad cubana se formó como un proceso integrador que tuvo sus primeras manifestaciones a principios del siglo XIX y que se fue desarrollando en la misma medida en que Cuba se iba formando como nación. Antes de Martí o contemporáneos a él reconocemos a otros cubanos insignes como Félix Varela, José Agustín Caballero, José de la Luz y Caballero, José Antonio Saco, Bachiller y Morales, José María Heredia, Gabriel de la Concepción Valdés, Tomás Romay, Rafael María de Mendive y otros muchos cubanos ilustres. A los que hay que añadir todos aquellos que le precedieron. Esto en cuanto a pensadores. Pero la nacionalidad cubana no sólo se fundamenta en ellos. Una parte esencial lo constituyen los millones de hombres y mujeres, blancos y negros, mulatos, chinos, jóvenes, viejos, soldados, civiles, etc., que durante siglos han sido los laboriosos albañiles de lo que puede llamarse la nacionalidad cubana.

Este señor califica la obra escrita martiana como un catecismo con pensamientos de efímero contenido. Falso: Martí jamás escribió un catecismo. Otra cosa es que el Sr. Armengol sólo se haya leído trabajos en los que se destacan pensamientos sueltos de Martí a modo de aforismos. Pero eso no es responsabilidad de Martí.

Los escritos de Martí son efímeros: Falso. Precisamente este fue el motivo principal de la incomprensión de sus contemporáneos: la aparente contradicción de habiendo sido un hombre de su época, tener la capacidad de penetrar en el futuro y escribir para muchas generaciones posteriores. De ahí su actualidad; de ahí la vigencia de su pensamiento.

Continuando con sus dislates, el Sr. Armengol califica la frase martiana: "El vino, de plátano; y si sale agrio ¡es nuestro vino!", como "...una exclamación lapidaria y funesta." Volvemos a lo mismo: este señor analiza y valora a Martí por el uso y abuso que otros han hecho de sus escritos. ¿Cómo sacar del error a quien se ha propuesto destruir a Martí? El ignorante tiene al menos la excusa de su ignorancia. Este señor no.

En un atisbo de sentido común señala que echarle la culpa a Martí por lo que otros han hecho de su pensamiento es "tonto e injusto", pero vuelve a la carga afirmando que el pensamiento martiano encierra un "... código mal construido...". además de ser "... un pensamiento que encierra conceptos caducos e ideales arcaicos..." (sic) Y en su análisis de "Nuestra América" afirma, entre otras cosas, que se cae en el error de "...adoptar criterios erróneos, sólo justificados por la sonoridad de la frase...."

En este sentido me gustaría preguntarle al Sr. Armengol si puede sostenerse que estos fragmentos de "Nuestra América", sólo a modo de ejemplo, son conceptos caducos o ideales arcaicos: "El gobierno ha de nacer del país. El espíritu del gobierno ha de ser el del país. La forma del gobierno ha de avenirse a la constitución propia del país. El gobierno no es más que el equilibrio de los elementos naturales del país." O este otro: "La historia de América, de los incas acá, ha de enseñarse al dedillo, aunque no se enseñe la de los arcontes de Grecia. Nuestra Grecia es preferible a la Grecia que no es nuestra. Nos es más necesaria. Los políticos nacionales han de reemplazar a los políticos exóticos. Injértese en nuestras repúblicas el mundo; pero el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas." O este: "La incapacidad no está en el país naciente, que pide formas que se le acomoden y grandeza útil, sino en los que quieren regir pueblos originales, de composición singular y violenta, con leyes heredadas de cuatro siglos de práctica libre en los Estados Unidos, de diecinueve siglos de monarquía en Francia." Otro más: "El alma emana, igual y eterna, de los cuerpos diversos en forma y en color. Peca contra la Humanidad el que fomente y propague la oposición y el odio de las razas."

Creo que es algo evidente que este señor no ha entendido o no se ha preocupado por analizar en profundidad esta obra de enorme significado como lo es "Nuestra América". Para entenderlo tendría que conocer las constantes afirmaciones de Martí de que la América era una de sus pasiones y de que haría todo lo posible para contribuir a su desarrollo y engrandecimiento. Tendría que conocer las particularidades de la América Latina de fines del siglo XIX que dieron motivo a este artículo y también las implicaciones que muchos de sus planteamientos tenían para la revolución cubana en ciernes.

Otra de las afirmaciones que hace este señor al analizar el ideario republicano martiano es la siguiente: "Simplemente, a Martí no le dieron tiempo para contribuir a plasmar su ideal en una guía imperecedera y práctica, como es una constitución." No es que no le "dieron tiempo": es que murió en combate mucho antes de que se realizara la asamblea constituyente y se aprobara la Constitución de la República en Armas. [Nota: No sé de dónde sale la idea de que la Constitución es "imperecedera". Pero esto es motivo de otra reflexión]

Pero si quedaban dudas acerca de las verdaderas intenciones lapidarias de este señor como enterrador de José Martí, reproduzco sus palabras finales: "Librarse del apostolado martiano es un gesto de independencia necesaria. Un país no se fundamenta sobre el ideal exaltado de un poeta."

¿Sería necesario explicarle a este señor que Martí no sólo fue poeta, grande por cierto, sino que además se destacó como político, revolucionario, educador, escritor, editor, crítico de arte, traductor, historiador, dramaturgo, filósofo, biógrafo, analista militar, periodista, estadista, diplomático, orador, ensayista, etc., y que podía expresarse con fluidez en varios idiomas.

Termino de leer el trabajo de este señor y no me queda claro si escribe en serio o si de alguna manera insulta para tener notoriedad y ser el centro de una polémica que no tiene sentido ni siquiera iniciar. Porque en fin de cuentas el problema no está en las respuestas: el problema radica precisamente en el planteamiento que da pie a esta hipotética polémica.

Creo que con este artículo el Sr. Armengol se ha convertido en el sepulturero de su propio entierro.


[1]Alejandro Armengol. “Enterrar a Martí” Publicado en la edición electrónica de El Nuevo Herald, el 24 de julio de 2006.Enlace: http://www.miami.com/mld/elnuevo/news/world/cuba/15107161.htm

miércoles, julio 05, 2006

¿A quién beneficia la carta de suicidio de Miguel Ángel Quevedo?

Ángel Luis Martínez Acosta

Hace pocos días llegó a mis manos una carta que se le atribuye a Miguel Ángel Quevedo, ex Director de la Revista Bohemia, quien se suicidó en Venezuela en 1965. Dicha carta circula de nuevo por internet y se le presenta como el “mea culpa” o nota de suicidio de Quevedo.

Debo confesar que me faltan datos de la época para poder entender todas las razones que motivaron la redacción de dicha carta, aunque al analizar detenidamente su contenido, puedo entender que en el fondo da la impresión de que fue escrita para disminuir o negar la responsabilidad de Batista por los acontecimientos que condujeron finalmente a enero del 59 al diluir dicha responsabilidad entre todos los sectores sociales. Sólo faltó incluir a los babalaos y santeros que se rumoreaba habían hechos “trabajos” de protección espiritual de Batista.

Resultado inmediato de una indagación rápida por internet fue el descubrir que existen dos “versiones” -por llamarlo de alguna manera- de dicha carta.

La primera versión, que llamaré íntegra, destaca detalles íntimos de la relación entre Quevedo y Ernesto Montaner. La segunda versión, que llamaré reducida, obvia dichos detalles poniendo de relieve sólo el contenido político y es la que más se ha divulgado.

Debo confesar que me faltan datos de la época para poder entender todas las razones que motivaron la redacción de dicha carta, aunque al analizar detenidamente su contenido, creo que se trató de una maniobra para quitar responsabilidad a Batista por los acontecimientos que condujeron finalmente a enero del 59 al diluirla supuesta en todos los sectores sociales. Sólo faltó incluir a los babalaos y santeros que se rumoreaba habían hechos “trabajos” de protección espiritual de Batista.

En esta búsqueda por internet encontré un artículo del periodista Luis Ortega quien ofrece una versión totalmente distinta de la divulgada y, que de ser cierta, daría un giro radical a la historia de la supuesta carta.

Del artículo de Ortega reproduzco el último párrafo: “La píldora, en este caso, es una protesta indignada. O casi, que yo nunca me indigno. Hace pocos días, el viernes 26 de mayo, el arquitecto Nicolás Quintana fue al programa de radio de Pérez Roura, que pertenece de lleno a la sórdida picaresca cubana, y recordó con admiración aquella famosa carta que se publicó en Miami, firmada por Miguel Ángel Quevedo, el que fuera en vida director de la revista Bohemia en Cuba, tal vez la única publicación seria y honesta que existió en la infeliz isla. Quintana, que se las da de hombre enterado, mencionó la carta de Quevedo con admiración. Claro, la carta fue el producto de una infamia para tirarle una picada a Batista. No la escribió Quevedo, que se suicidó en Caracas. La escribió, o falsificó, un pícaro picador llamado Ernesto Montaner para cogerle unos dólares a Batista. Aquellos polvos trajeron estos lodos. La carta sigue circulando y Quintana se la tragó. El hijo de aquel pícaro, llamado Carlos Alberto Montaner, nunca ha querido aclarar la falsificación.”

[Fuente: http://www.eldiariony.com/noticias/columnistasdetail.aspx?sectionId=48&Txtid=1398510 ]

De la misma manera debo confesar que me faltan más datos para entender mejor por qué esta carta circula de nuevo. ¿A quién beneficia? ¿Qué se espera de ella?

Históricamente puede entenderse que es una manera de dirigir toda la responsabilidad de lo acontecido en Cuba a la Revista Bohemia y a su Director, argumento que no se sostiene por ningún lado. Creo que más bien los “tiros” están dirigidos a tratar de “alertar” acerca del peligro de los medios de comunicación y de las publicaciones en general.

De acuerdo con esta hipótesis creo que es una manera sutil de crear la opinión de que hay que vigilar o tener cuidado acerca de lo que se escribe sobre Cuba, lo que nos llevaría a la aceptación de una “comisión” de censura en el exilio o a que sean aceptadas como únicamente válidas las opiniones de unos cuantos “elegidos”.

¿Quiénes serían estos elegidos? ¿A quién beneficia?

A continuación se ofrecen los links de algunas de las páginas que han publicado dicha carta.

Versión “íntegra”: http://www.cubaeuropa.com/historia/bohemia.htm

Versión “reducida”:

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Miami, 5 de julio de 2006.